Recuerdo como nos conocimos. Parecía una escena salida de una película. Estaba en mi ante último año de colegio, caminaba por los pasillos de la escuela dirigiéndome a mi próxima clase cuando sentí un golpe en mis hombros. Mis libros se habían caído al suelo, me agaché para recogerlos cuando una mano tocó la mía. No pude evitar sonrojarme ante aquel contacto. Subí mi cabeza y me vi reflejada en los ojos claros de quien estaba en frente mío. Me ayudó a levantar mis libros, se presentó y me acompañó hasta mi aula. A partir de allí fuimos inseparables.
Íbamos a todas partes juntos, nuestra amistad fue creciendo día a día, así como también nuestra atracción. Al poco tiempo nos enamoramos. Estábamos en el parque columpiándonos en las hamacas, de repente me jaló hacia él, me miró a los ojos y me susurró "Te amo", le respondí con un dulce beso en sus labios. Empezamos a salir, a los pocos meses éramos una pareja enamorada. La escuela terminó y el verano vino. Paseábamos por las tardes, salíamos a cenar, mirábamos películas en nuestras casas, nos dormíamos en los brazos del otro.
Era una tarde de vacaciones cuando sucedió. Ambos sabíamos que lo queríamos, con besos, amor y pasión nos entregamos el uno al otro y fuimos uno solo.
El último año escolar llegó junto con el otoño. Teníamos que disfrutar ese tiempo juntos, nos costaba aceptar que luego de finalizar nuestros estudios nos separaríamos. Él se quedaría allí y yo me iría a Nueva York a estudiar.
Cuando nos quisimos dar cuenta el Baile de Graduación se había acercado. Según mi madre parecía Cenicienta, mi vestido celeste combinaba con mis ojos. Él me espero mientras bajaba las escaleras con un ramillete con la cinta de ese color. Esa noche fue asombrosa e inolvidable. Aunque sabía que esa felicidad que sentía en ese momento se iba a marchar pronto.
Así fue como el día de la graduación arribó. Con buenas notas terminé mi ciclo escolar y fui aceptada en una de las mejores universidades del país. Todo hubiese sido perfecto si no me hubiese separado de él.
Pasamos nuestro último mes juntos, solamente nosotros dos. La despedida fue hermosa, romántica y dolorosa.
Me dirigí hacia la Gran Manzana, mi corazón estaba herido por mi separación pero seguíamos siendo buenos amigos.
El estudio me dejó sin tiempo para mi vida, con gracia podía comer. Esto causó que me olvidara de mis amigos por un rato, incluyéndolo a él.
Continué con mi vida, conocí a alguien pero no duró mucho, me gradué con honores y comencé mi propio negocio.
Una día recibí una invitación como amigo en Facebook, era de él. No pude evitar llenarme de felicidad al ver que nos habíamos vuelto a conectar. Todo era perfecto hasta que noté que estaba con alguien. ¿Como podía seguir amándolo luego de tantos años?
Volvimos a hablar y a hacernos mejores amigos otra vez. Me dijo que estaba viviendo en Nueva York también, que hace poco tiempo se había mudado.
Nos encontramos en mi casa, hablamos y nos molestamos como en los viejos tiempos, como si nunca nos hubiésemos separado. Miramos una película tomados de la mano como si eso fuese lo más natural entre nosotros dos. Nos volvimos a mirar a los ojos, un "te amo" se escapó de sus labios y nuestras bocas y cuerpos se volvieron a encontrar. Sabía que estaba mal lo que estábamos haciendo pero a veces el amor es más fuerte que cualquier cosa.
Al poco tiempo se separó y yo estaba allí para consolarlo. Al fin y al cabo era mi culpa que él haya terminado pero también era imposible que el siguiera con alguien que en verdad no amaba.
De a poco fuimos reconstruyendo nuestro amor, nos mudamos a una casa donde empezaríamos de nuevo nuestra historia.
Luego de un año de volver a estar juntos decidimos sellar lo que había nacido a los 17 años.
A pesar de todo continuamos con nuestro romance juvenil.