Recuerdo la primera Navidad que pasamos juntos.
Era de esas Navidades heladas, donde no alcanzaba el chocolate caliente y el fuego de la chimenea para sacarnos el frío.
Cenamos con nuestras respectivas familias y a la medianoche me tomaste de la mano y nos dirigimos al parque.
De tu abrigo sacaste una cajita la cual contenía una cadena con un dije grabado con nuestras iniciales.
Cuidadosamente me la colocaste en mi cuello, corriendo cuidadosamente la parte de mi pelo que no estaba cubierta por la boina de lana que llevaba puesta. Luego de ese instante nos besamos, mientras mirábamos los fuegos artificiales iluminar el cielo. Fue una noche perfecta.
Cuatro años después, me encuentro cenando con mi familia. Todos colgamos nuestras botitas en la chimenea para que Santa deposite allí nuestros regalos. Mi hermano decidió disfrazarse para no arruinarle la ilusión a los niños.
Ya han pasado las 12 de la noche, hemos brindado. Espero a que mi familia se vaya. Me coloco mi tapado, esta noche hay mucho más frío que hace cuatro Navidades atrás; mis guantes negros y mi clásica boina gris. Me dirijo hacia el parque como lo he hecho desde esa noche. Mis esperanzas de encontrarte desde que nos separamos se han ido difumando con el tiempo.
Al llegar me siento en una banca a mirar los fuegos artificiales. Siento que una persona se sienta junto a mi. No le doy importancia.
-Lindo collar- me dice al ver que entre mis manos se encuentra el dije de la cadena que me coloco todas las Navidades.
Al reconocer la voz me congelo, suelto la cadena y me giro hacia la persona que se encuentra a mi lado. Nuestros ojos se encuentran nuevamente después de tanto tiempo.
-No sé como decírtelo... te he extrañado- Me confiesa al tiempo que toma mis manos entre las suyas.
-Yo también te he extraño. Creo que te habrás dado cuenta por la cadena.
Sin decir más, nuestros labios se vuelven a encontrar y nos quedamos mirando como el cielo se ilumina.