sábado, 8 de febrero de 2014
Siempre a la misma hora
Era una tarde de verano, mi mejor amigo se había ido de vacaciones con su familia y me había dejado a cargo del negocio que compartíamos. Ese día no había habido mucha clientela por eso me encontraba aburrido mirando una revista. Sentí unas voces que se acercaban por la vereda, una de ellas me llamó la atención al instante. Esa voz la reconocería a miles de kilómetros aunque hacía años que no la oía. levanté rápidamente mi cabeza y observé la ventana que daba hacia la calle. Allí la vi. Era ella, hacía años que no la veía. Se notaba cambiada, ya no parecía la adolescente de 15 años que yo recordaba. Tenía el pelo largo, teñido en las puntas, su estatura seguía siendo la misma y su cuerpo había pasado a ser de una niña a una mujer. Se encontraba con su amiga, la de toda la vida, caminando. Ambas se reían y cotilleaban como siempre. Me asombré que no haya volteado a ver el local, seguro que recordaba que allí trabaja yo. Al momento en que se perdió de mi vista, una vez más, continué leyendo aunque mi mente divagaba hacia lo que había ocurrido unos instantes atrás.
Al día siguiente, me encontraba acomodando unas cosas cuando nuevamente la escuché hablar. Eran las cinco de la tarde, la misma hora en la que había pasado ayer. Estaba acompañada otra vez por su amiga. Me escondí contra una estantería y la observé pasar admirando cada parte de su ser como solía hacerlo antes. Una vez más ella no se volteó a ver, solamente siguió su camino.
La tarde del otro día, teniendo mi teoría de que salía a caminar a esa hora, me coloqué en la ventana y comencé a limpiarla. Otra vez las voces se acercaban, si esta vez no me veía ya no lo intentaría más. Pero sin embargo fue todo lo contrario, esta vez sí volteó. Nos miramos por unos segundo, nuestras miradas reconectándose nuevamente. Me dedicó una tímida sonrisa y siguió caminando. Cuando desapareció de mi visión mi cara había cambiado totalmente, estaba feliz.
Esperé a la próxima tarde. Esta vez me quedé sentado en la puerta del local esperando a que pasaran...
____________________________________________________
Había acordado con mi amiga de la infancia salir a caminar durante las tardes de verano. Tenía dos razones para hacerlo: cuidar mi aspecto físico y verlo. Hacía un tiempo que no nos veíamos y mucho menos que hablábamos. Luego de volver de caminar pasábamos por una tienda a comprar una bebida, teníamos dos caminos para ir, uno directo y otro que nos desviaba. Siempre usábamos el segundo. Mi amiga sabía lo que tramaba, me conocía demasiado. Quería verlo, pero ¿cómo hablarle de la nada cuando habían pasado años que no lo hacía? Mi amiga me convenció a que solamente ese día pasemos sin que yo dé señales de interés, ella se fijaría si él se encontraba. Y así fue, él se encontraba mirando una revista según ella.
Al otro día, el plan fue el mismo, pasar pero no demostrar interés alguno pero esta vez no había nadie o eso fue lo que mi amiga vio. Pasaríamos una tarde más, si él no se encontraba nos tomaríamos el primer camino pero eso no sucedió ya que él se encontraba allí, limpiando la ventana. Nos miramos por unos segundos. No dudé en transmitirle una pequeña sonrisa pero no me la devolvió. Quizás no me quería ver, lo entendería por completo, él tendría sus razones.
A la tarde siguiente me había olvidado de ir por el camino directo. Sin importancia pasamos por la puerta del negocio, yo iba caminando con la cabeza mirando el piso mientras no prestaba atención a lo que mi amiga me decía. De repente sentí como alguien me tomaba del brazo y me decía que esperara.
____________________________________________________
No sé que me ocurrió, simplemente la agarré del brazo y de un segundo para el otro la volví a tener conmigo. Estaba mucho más linda de lo que la recordaba, hasta había cambiado de perfume. "Hola" le dije y y ella soltando su aire acumulado me devolvió el saludo, transmitiéndome una sonrisa que hizo que mi corazón bombeara a mil por hora. "Quisiera saber si quieres tomar algo conmigo en este momento" dije sin pensar. Ella miró a su amiga pero solamente la saludó y se fue. Quedamos solos los dos, mirándonos como no lo hacíamos por mucho tiempo. En ese momento reaccioné y la solté. Me disculpé por mi comportamiento y la invité a pasar adentro de la tienda. Coloqué el cartel de cerrado, no quería que nadie nos molestara. Traje unas bebidas y unos vasos y los coloqué sobre el mostrador. "¿Cómo has estado?" le pregunté "No hemos hablado por mucho tiempo" continué, provocando que me mirara. Sus ojos seguían con el mismo brillo que antes, simplemente perfectos. "Lo sé" me respondió "He estado bien" contestó mientras tomaba un sorbo de su vaso "Por las tardes salgo a caminar con ella" comentó. "Sí, lo sé. Te he visto" su cara se tornó de color escarlata, una característica tan particular de ella. Hablamos un buen rato de nuestras vidas, ella estaba por empezar su tercer año en la universidad y por las mañanas de ese verano cursaba.Su familia se había agrandado. Había vuelto a escribir y a dibujar, cosas que había dejado de hacer. "Te ves cambiada" dije. "He cambiado. Ya no soy esa chica idiota de 15 años que conociste. He crecido, no del todo pero lo he hecho". Ser rió ante su comentario. "Es raro que alguien como tú no esté saliendo con nadie" comenté. "No, debe ser que no he encontrado al indicado todavía. Mis últimos intentos amorosos terminaron en desastres. Yo le llamo karma a eso. No he vuelto a tener novio" me confesó. "En cambio sé que a ti no te ha ocurrido eso" me sentía culpable, no sabía por qué pero así me sentía. "Es cierto, pero ninguna ha sido como tú" la miré. "De seguro ninguna fue tan mala persona como yo" hizo una mueca. Tomé su mano entre la mía. Sus ojos estaban aguados. "No digas eso. Tú misma lo has dicho, tenías 15 años. Era común que no pensaras pero aún así yo te amaba, con tus defectos y todo yo lo hacía." La tomé en mis brazos y la abracé. Sentí mi camisa mojarse gracias a sus lágrimas. "No te merecía, yo no te merezco. Te hice daño y tú sufriste. Esto tampoco lo merezco. Eres tan bueno conmigo" se desahogó en mi oído mientras sus lágrimas seguían cayendo por su rostro. "Te extraño, no tienes la menor idea de cuanto lo hago" dijo pero en ese instante cayó en la cuenta de lo dicho y se alejó de mi. "Lo siento, no tendría que haber dicho eso. Mejor me voy" Tomó sus cosas y se acercó a la puerta. Impedí que la abriera, la volví a tomar del brazo y la coloqué de espalda a la pared. "Yo también te he extrañado todo este tiempo" Sin más pensar coloqué mis labios en los de ella, sintiendo como se volvían a encontrar dos almas desaparecidas. Sus lágrimas seguían cayendo, lo sé porque las pude probar. "Lo intentaremos de nuevo y todo saldrá bien. Te lo prometo"
