Nos despertamos no tan temprano, esto de ser independiente a un tour es totalmente liberador porque no hay un horario fijo, uno decide a que hora salir y a donde ir, la única cosa que nos impedía seguir durmiendo era el desayuno, ni siquiera la limpieza ya que podían ser las 2 de la tarde y uno podía seguir en la habitación.
Mamá llamó a la habitación nuestra para que nos despertáramos con la enana, el desayuno se servía hasta las 10 y eran 9: 30. Nos cambiamos y fuimos a desayunar.
"Bien, es buffet" pensé, no hay nada mejor que servirse uno mismo lo que quiere comer y no estar dependiendo de que si te traen o no. Un poco de jugo, café y 2 panes con manteca y ya estaba hecha. En el hotel no son para nada tontos, diez menos cinco se te acercan y te aconsejan que si querés ir a servirte algo más vayas porque en 5 retiran todo y es verdad: 10 en punto empezaron a sacar las cosas.
Cuando terminamos fuimos a lavarnos los dientes y a agarrar nuestras cosas, hoy íbamos a ir a la gran atracción de El Calafate: El Glaciar Perito Moreno. No es que nunca hayamos ido, era la tercera vez en los últimos 4 años que pisábamos ese lugar. Como mis papás todavía no se habían terminado de arreglar, con la enana nos fuimos a sacar un par de fotos al balcón. El día estaba espectacular para sacar fotos, había mucho calor, demasiado. Es irónico que uno se quiera escapar al sur en busca de frío en pleno verano bonaerense y termine habiendo la misma temperatura que allá. Nuestro hotel tenía una vista hermosa, el Lago Argentino y las montañas en frente nuestro, era inevitable no ir y sacar un par de fotos, todos los que estaban alojados lo hacían. Así que luchando un poco con el viento y el sol logramos nuestro objetivo hasta que la chiquita vio que nuestros papás ya se estaban yendo para el auto.
Llevábamos desde gorro visera hasta gorro de lana, el tiempo era muy traicionero. La última vez que habíamos ido al glaciar había calor pero de pronto una ola de viento frío provocó que nos pongamos toda nuestra ropa que nos habíamos sacado y además gorros, guantes y bufandas.
Antes de tomar la ruta para ir hacia nuestro destino pasamos por el centro a comprar agua, no se puede ir a una excursión sin agua, más sabiendo lo mucho que nos tocaba caminar ahí. Luego de la compra ya nos dirigíamos nuevamente al lugar. Un viaje de aproximadamente una hora, un camino rodeado del lago, montañas y árboles. Era un excelente momento para escuchar música, sacar fotos y ya que estábamos leer un par de fics.
Llegamos a la entrada, nos recibía un cartel que decía "Parque Nacional Los Glaciares", a pocos metros gente del lugar cobraba la entrada. Anteriormente hablamos de la entrada al parque, sabía que siendo universitaria y teniendo credencial tenía descuento en la misma.
- ¿Cuántos son? - nos preguntó el guarda parque
- Un menor, dos adultos y una universitaria -
- ¿Cuántos años?
- 18 -
Presenté mi credencial por la que tanto me quejo, salí horrible en la foto, es para quejarse. Por suerte tuve un descuento de 25 pesos, creo que después de todo ir a la universidad tiene sus beneficios y no me refiero precisamente a que uno sale formado.
Cuando terminamos la transacción seguimos el camino, todavía quedaban 20 km hasta llegar a las pasarelas. En ciertas partes de la ruta hay miradores, que se puede parar y sacar fotos. Al primero lo pasamos, estaba lleno de turistas, así que fuimos al otro en el cual sólo se encontraba un auto que al rato que llegamos se fue. Desde allí ya se podía ver a la gran masa de hielo. Después de un par de fotos nos fuimos hasta el estacionamiento donde dejamos el auto y unas camionetas nos llevaron hacia las pasarelas.
El no ir en un grupo con una empresa de turismo te deja totalmente libre de horarios y disfrutar más, cosa que las otras veces no pudimos hacer por lo mismo. Lo que más queríamos era detenernos a observar. Decidimos hacer lo que las anteriores veces no pudimos. Uno se asusta al ver que estás yendo en bajada, porque sabes que cuando vuelvas eso que se te hizo tan rápido y fácil iba a ser todo lo contrario. Vimos un par de caídas pero no llegué a sacar foto, mi querida cámara tendrá muy buena definición pero el zoom que tiene no es muy bueno, así que hasta acercar la imagen el trozo de hielo se cayó, hundió y derritió. O sino otra de las cosas que sólo a nosotros no puede pasar es que un pedazote gigante de hielo caiga cuando estamos por un sendero lleno de árboles.
Pasamos por el camino que está libre de árboles y nos pusimos a observar y disfrutar del paisaje que teníamos ante nuestros ojos.
- Mirá ese de allá - de la nada me dijo papá - se parece al de la película que tiene la cara larga.
Al detenerme fijamente en esa imagen no sólo noté lo que me había dicho sino que también parecía que tuviera una mano y la misma estuviera haciendo cuernitos. Indudablemente le saqué una foto, no podía no registrar eso, nunca nos había pasado algo así.
Seguimos caminando hasta terminar el circuito inferior y dirigirnos al segundo balcón. Estábamos en nuestra ruta hasta que nos detuvimos a esperar a mamá que siempre se tarda en llegar y vimos que en frente nuestro se encontraba un grupo de, suponemos, japoneses. Una guía al parecer le estaba explicando algo cuando de repente se oyó un coro diciendo "Ohhhhhhhhhhh", me acerqué discretamente a mi papá, nos miramos y los dos repetimos un "Ohhhhhhhhhhh" haciéndole burla a los turistas, fue una situación muy cómica.
Nos quedaba poquito para terminar de subir, sólo nos faltaban un par de escalones y llegábamos. No dudé en tirarme en el primer asiento que encontré. Luego de descansar un rato, nos dirigimos al auto con mamá y ahí encontramos a papá con la enana.
Con el sol pegándome en la cara, la música que estaba escuchando se perdió en mi sueño hasta que estábamos a punto de llegar al centro. Nos detuvimos a comer en "La Lechuza", algo rápido porque eran casi las 6 de la tarde. Mientras que los europeos salen a cenar, los argento comemos.
Estaba tocándome la cara y los brazos mientras pensaba qué comer cuando me di cuenta que se sentían calientes. Al momento de ir al baño y verme, noté que tenía la mitad de la cara quemada por el sol que me había pegado del lado derecho. ROJA, así estaba: brazos deformemente quemados, una "V" en el pecho y mi bendita cara por la mitad. Si yo siempre tengo suerte cuando me quemo. Después de comer y mandarle un mensaje de S.O.S a mi hermana para que la semana próxima me trajera el gel refrescante, fuimos a la Administración de Parques Nacionales que quedaba en frente. Era como una plaza llena de figuras del Perito Moreno, lleno de árboles y plantas. Sólo una parte del parque estaba abierta, el resto había cerrado hace 3 horas. Cuando terminamos volvimos al hotel para descansar del agitado día que habíamos tenido y además para preparar los bolsos para irnos al Chaltén al otro día, pero no antes de haber visto mi adicción: Glee.