domingo, 27 de enero de 2013

Crónica de unas locas vacaciones: Cómo sobrevivir 6 hs en un aeropuerto

Muchas ganas no tenía de ir de vacaciones, mi depresión se encontraba a flor de piel. El simple hecho de pensar que volvería y empezaba la facultad me daba ganas de quedarme en casa comiendo y leyendo fanfics, pero bueno nada podía hacer; debía irme de vacaciones.
Hice la valija sin ánimo, traté de no exagerar con la ropa. Esto de no saber si va a haber frío o calor me desespera. Guarde mis cosas de mano en mi cartera. Sólo me quedaba descargar música, ponerla en mi mp4 y listo. Escondí mi computadora en algún lugar de la casa y ya estaba alistada para irme.
A las casi 3 de la mañana nos pasaron a buscar, en media hora (tiempo record) llegamos a Aeroparque, cada uno con su valija nos dirijimos hacia el mostrador.
- Por Dios que lentitud! Taaaaaaaaaaaato se tardan en atendernos - empecé a pensar. Después de varios minutos de estar en la fila sin movernos nos atendieron. Como había un menor en el grupo el check in no se pudo realizar online, igual eso ya lo sabíamos del último viaje que hicimos
- El check in lo tendría que haber hecho online - le dijo la empleada a mi papá.
- Es menor  y no te lo deja hacer online, en Julio nos pasó lo mismo- Respondió mi papá ya un poco molesto por el asunto.
Terminamos de realizar el trámite y nos dirijimos a la sala de embarque. Subimos y papá guardó los otros pasajes en su mochila, teníamos que pasar por los escaners y mostrar los boletos.
Mientras papá fue al baño me quedé hablando con mamá
- Es nueva y no debe estar capacitada, no puede ser que en Julio una de las chicas nos dijo que eso pasaba y que vayamos a otro mostrador. Ella SÍ sabía que el check in online no se puede hacer si hay una menor.
Papá salió del baño y caminamos hacia donde se encontraba el policía para mostrar los pasajes.
- Hay 3, falta el mío - reclamó papá - no me lo dió
- Revisá la mochila que creo que lo metiste ahí - le dije, había visto cuando guradaba los papeles y me pareció ver algo parecido a lo que él buscaba. Y sí, quién tenía razón, yo.
Pasamos por las máquinas, odio la acumulación de gente que se produce después de pasar esas cosas, además de estar rogando que nada suene.
Nos dirigimos a la sala de embarque, buscábamos la puerta número 2. En el piso estaba un cartel que tenía una flecha e indicaba donde estaba esa puerta. Caímos en la cuenta que no estaba en el piso de arriba, sino abajo, otra vez a bajar. Lo único que deseaba era que el vuelo no se atrase como cuando nos fuimos a Iguazú. Por suerte mi deseo se había cumplido y embarcamos a tiempo, el único detalle es que teníamos que ir en micro hasta mitad de pista para poder abordar el avión. Parecíamos vacas en el Subte C entre las 8 y 10 de la mañana. Bajamos del micro y había una leve llovizna.
- Bravo, está lloviendo -  pesé, nunca me gusto viajar en avión con lluvia.
Llegamos a los asientos y nos acomodamos, yo estaba lo más bien leyendo uno de los tantos fics que me había guardado para el viaje. Cuando acabé me puse a chusmear la revista del avión, lo que menos imaginé fue encontrarme con lo que ahí había.
Revisando hoja por hoja descubrí que estaba escrita, no es que sea nada fuera de lo normal. La persona anterior como que "respondía" o creaba una historia acerca de las publicidades que se encontraban impresas. Desde el díalogo entre un famoso y un caballo, pasando por tildes y cruces en accesorios hasta un mini diálogo en inglés acerca de los servicios de la compañía aérea. Obviamente no pude evitar reirme con aquello.
El viaje duró aproximadamente 4 horas, me la pasé durmiedo casi todo el viaje y escuchando música. Raramente 2 veces nos sirvieron comida, la primera vez sabía que nos iban a dar una cajita de morondanga de Havanna con 2 cosas locas para tomar, pero me quéde sorprendida cuando nos dieron unos snacks: "Snack de Mandioca", ok no eran papas, era mandioca. Nunca había escuchado que existiera snack de eso, lo más común era papas fritas y batatas. Y de dónde venía esa cosa rara, y bueno de la zona donde hacen esas cosas, San Martín.
Llegamos a Ushuaia, según mamá había que felicitar al piloto por el aterrizaje, pero bueno digamos que ninguno de los pasajeros se apiadó a aplaudir, cosa que yo estaba acostumbrada.
Bajamos de la nave y preguntamos si había que retirar el equipaje ya que teníamos vuelo de conexión. Nos dieron una respuesta afirmativa y lo hicimos, el único problema era qué hacíamos con ellas porque para abordar faltaban como 3 horas. Por suerte al ratito las mandamos a bodega, sólo tuvimos que esperar que saliera un vuelo sino nuestras valijas iban a viajar hacia otra provincia. Salimos 5 minutos a ver como estaba el clima, fresco tal como me gusta. Un par de fotos y pa' dentro.
Mi querido padre al ser tan ancioso quizo ir a la sala de embarque al instante, después de que la empresa aérea nos diera como tres mil vueltas logramos pasar. Comimos algo (se abusan de los precios, un agua no puede estar 25 mangos!), prendí mi celular y a seguir leyendo. Eran sólo 3 horas, así que dimos una vuelta por el pequeño aeropuerto y nos volvimos a sentar, cuando de repente vemos que se acerca uno de los empleados de la compañía.
- Disculpen, pero el vuelo que va a Calafate viene atrasado de Buenos Aires y en vez de salir a las 12 estaremos saliendo a las 3 30 de la tarde - Nos informó
"No me jodás" pensé y una cara de debe-ser-joda se me asomó en la cara. ¿Qué iba a hacer 6 horas en un aeropuerto tan chiquito? Mi celular no iba a aguantar tanto tiempo además de que no me funcionaba bien internet y el wifi del aeropuerto tenía clave, a quien se le ocurre poner clave en un aeropuerto! Tenía mi libro de Gabriel García Marquez pero sabía perfectamente que me iba a dormir. También traía un libro de sopa de letras y el suplemeto Ocio del diario del sábado anterior, algo es algo pensé, además tenía mi MP4, así que música no me iba a faltar. Mi pequeño gran problema era que no había dormido nada y el sueño me atrapaba lentamente. Así que empece a leer el fic que había comenzado, la bateria de mi celular de a poco se iba gastando entre el uso del internet, Facebook y Twitter y no había enchufes a la vista. En Aeroparque hay unas columnas con enchufe, acá no. En mi mente lo único que pensaba era desear salir de ahí, como estábamos ya embarcados no podíamos movernos. "Bravo papá" pensé en ese momento, pensar que podríamos haber ido a recorrer la ciudad o a visitar a mi compañero "El petiso orejudo" a la prisión me volvía loca. Tenía que continuar con mi plan, leía mis historias, jugaba, sacaba fotos, veía como los aviones de Aerolineas iban y venían. Mis papás comenzaron a hablar con un matrimonio de Mendoza que estaba en la misma situación que nosotros, lo único que ellos tuvieron que vivir una odisea peor: habían salido de su casa hace 12 horas y no habían podido dormir nada.
Dimos varias vueltas en el pequeño edificio, mirando el paisaje y maldiciendo por no poder salir de ahí. Almorzamos con el baucher que el empleado nos dió de cortesía por el imprevisto, menos mal porque no daba pagar tanto por un par de tonteras otra vez. Llegué al punto de concocerme de memoria ese predio: en el fondo se encontraban los baños, en frente de ellos un ventanal que daba hacia la ciudad, la sala de espera de la puerta 5, al lado nuestra sala de espera con la confiteria y un par de mesas y asientos, a continuación las salas de embarque 4 y 3 en frente una mini tienda de regalos, otros baños y los escaners.
En todo ese tiempo me habré quedado dormido al rededor de 5 segundos. El matrimonio con el que mis papás estaban socializando me dijeron que vaya a la sala de embarque de junto y me durmiera, con tal no había nadie. Pero preferí quedarme sentada, cuando de repente y sin darme cuenta, escuché que estaba por aterrizar el vuelo proveniente de Bs. As con el cual nos iríamos. Corrí hacia el baño y cuando regrese, el vuelo ya había aterrizado y se había formado la cola de embarque. Mamá me dijo que al lado de la columna de en frente se encontraba un enchufe, sólo a mi me pasaban esas cosas. Estaba feliz, lo único que pensaba era en la siesta que me iba a mandar esa hora de vuelo.
Despegamos, fui fotografiando el asenso desde la ventana, la cual le rogué a la enana que me dejara porque ella iba a volver en febrero y yo no por lo que quería sacar fotos. Nunca había hecho algo así en mi vida, usualmente me aferro con fuerza al asiento y no lo suelto.
Me dormí durante todo el vuelo escuchando música, ignoré cuando vienieron a servirnos de tomar, el sueño era más fuerte que yo. De repente me empezaron  doler los oídos, nunca me había ocurrido algo así en toda mi vida de viajes en avión, era un dolor intenso, horrible, sentía que se me iban a explotar los tímpanos.Aterrizamos y me seguían doliendo pero no tanto, a mamá le pasó lo mismo.
Retiramos las valijas, siempre era un enigma saber como iban a llegar ya que las 2 veces que fuimos a Calafate habían aparecido sin ruedas o abiertas, después de unas 400 veces que la cinta giró con una valija gris,empezaron a llegar las nuestras, primero papá, después la enana, la mía y la de mamá. Por suerte todas estaban tal cual como las despachamos en Buenos Aires. Nos las hicieron escanear y nos fuimos. Papá había alquilado un auto que lo recogería cuando llegaramos a la ciudad. Para ponerle más sabor a ese día tan largo (hacía más de 12 horas que habías salido de casa, un viaje que se hace en como mucho 5 horas) era que el local de alquiler estuviera cerrado. Según la chica de la tienda de junto, el chico volvería en 10 minutos. No sabíamos que hacer, hasta que decidieron llamar a la agencia, y de casualidad cuando se habían logrado comunicar atrás de ellos apareció el encargado. Mientras ellos firmaban algunos papeles, mi hermana y yo veíamos como bajaba la gente que acababa de llegar de Buenos Aires, logré escuchar que a una pareja le había ocurrido algo parecido a lo nuestro con el vuelo,provocando que les cambiaran la aerolínea.
Llevamos las cosas al auto, papá trató de programar el GPS pero no podía, en cambió yo con 3 pasos locos logré hacerlo. El hotel no quedaba tan lejos. Nos registramos, fuimos a las habitaciones y nos tiramos en la cama a descansar. Lo había anhelado todo el día, sacarme las zapatillas y relajarme fue lo mejor del día. Igual dormí una hora porque mis papás llamaron para que vayamos a comer. Ver el menú del hotel me asustó, no había nada normal, era todo muy elaborado para mi gusto pero el hambre podía más. Cenamos, nos bañamos y a dormir. Sólo eso era lo que deseaba para poder terminar ese día tan raro.